lunes, 6 de mayo de 2013

El coronel dadivoso

Parque adyacente al Donbass
Arena

Ayer tuve la suerte de ser invitado a la tradicional fiesta ucraniana de Pascua ortodoxa.  El sol resplandecía imponente en el cielo, como si brindara por este día, tan importante para los fieles. El verano hace ya más de una semana que forma parte de nuestra vida en Donetsk, donde trabajadores locales se afanan por embellecer una tierra, unos jardines, que bien hace tres meses parecían yermos. El parque adyacente al Donbass Arene ofrece tantas rutas para pasear como personas que se animen a visitarlo.

Шашлык tradicional
Decía que ayer tuve la suerte de ser invitado a la tradicional fiesta de Pascua ortodoxa ucraniana. Fue una invitación cordial y sincera de un amigo, que amablemente insistió en que acompañara a su familia a compartir la tradicional Шашлык (shashlik), una brocheta de carne acompañada de diferentes verduras, asada en la barbacoa. Antes ya habíamos degustado tomates de huerta propia, cebolla, pimiento y pepino con sal. Se bebió cerveza, vino blanco chileno, whisky, vodka, coca-cola y coñac. Es necesario señalar que empezamos a comer cuando aún no eran las 12 debido a que los ucranianos van a misa a las 6 de la mañana, como establece la liturgia ortodoxa. A las 13 aproximadamente las brochetas de carne ya estaban listas tras un paso (imagino) infernal por la barbacoa, pues ya para entonces soportábamos 30 grados.

La comida transcurrió en el jardín de la casa de mi amigo, un bonito lugar donde las plantas saludan con alegría a sus invitados. Rosas y tulipanes quedaban en el medio, mientras un manzano y un gran ciprés ofrecían una sombra tan necesaria como insuficiente. Una pequeña charca de estilo japonés albergaba un par de peces de colores alegres y brillantes.

La familia de mi amigo, hijo único, se reduce a su padre, madre y abuela paterna. Su padre, un hombre del que hablaré un poco más adelante, es una persona alta, recia y simpática. Su madre, que estudió literatura rusa, se mostró interesada en todo lo que tuviera que decir, mientras que su abuela, una mujer enérgica y de ojos azules y brillantes, siempre tenía algo que comentar, tras lo cual pedía a su nieto que tradujera. La comida transcurrió con algarabía, como si el tiempo decidiera unirse al motivo que nos congregaba. Tras un comienzo algo titubeante, enseguida el padre de mi amigo se lanzó a preguntarme por la historia española, qué opinión tenía sobre algunos de los eventos de la II Guerra Mundial, etc. En un momento dado, se levantó de la mesa y me pidió que lo siguiera dentro de la casa. Allí me mostró, orgulloso, una colección de tanques soviéticos en miniatura que guarda con celo tras un cristal en medio del pasillo. Ya en el despacho, me enseñó también algunos gorros militares antes de pedirme que, si puedo, le consiga uno de las Brigadas Internacionales.

Por lo que pude entender, el padre de este orgulloso excombatiente del Ejército Rojo había estado luchando en España y luego en la II Guerra Mundial, mientras qué él llegó al grado de coronel en el ejército ucraniano. Lo sé de buena tinta, pues me regaló la pareja de distintivos de mérito correspondientes a su cargo, que guardo con cariño dentro de un cajón. Luego volvimos al jardín para compartir sobremesa junto al resto de comensales: helado (бабушка купила, “la abuela lo compró”, así que no puedes decir que no) y coñac, donde brindamos de nuevo por la Pascua antes de separarnos con buenos deseos para todos.

"Kulich", dulce tradicional de la
Pascua ortodoxa
El fin de semana que había empezado con cierta melancolía por Granada (“Quisiera una vez más ver atardecer en San Nicolás, para contemplar el sol lamiendo los muros rojizos de la Alhambra, hasta fundirse en un cielo rosado, punteado de estrellas”), quedaba un poco atrás por la fantástica oportunidad que un amigo me brindó para conocer más sobre el carácter y las tradiciones de estas buenas gentes de Donetsk.

Христос воскрес!

6 comentarios:

  1. Es muy interesante conocer otras culturas, y cómo nos ven a nosotros, en este caso, a los españoles. Al final uno se va dando cuenta que estamos entrelazados , ya sea por la historia, por creencias o simplemente, como seres humanos, orgullosos de lo nuestro ( nuestro pais, costumbres, aficiones etc.).
    Es verdad que todo ello nos enriquece a todos, los q lo viven en directo, como es tu caso, así, como los que lo hacemos por la transmision.

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    1. Sí, es en realidad curioso ver cómo lo que a priori más nos separa es también fundamental en lo que nos une. Supongo que aún no hemos entendido que pertenecemos a la misma especie, y que en el fondo tenemos las mismas necesidades.

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  2. Hola Jorge, no controlo el funcionamiento del blog (me enseñó tu madre) y acabo de hacer un comentario en el muro de marzo.
    Te decía que me llama la atención la intensidad con la que vives estos momentos... Y, al tiempo, contemplo gozoso que aceptas el envite que supone el peso de la "alteridad", es decir, la apertura al otro. Probablemente, el "uno" se va redimiento... y ya si celebra la pascua ortodoxa...
    Abrazos... Serafín

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  3. Quizá vivir en el mismo piso con dos 7 hace que me relaje, pero sí, cualquier cosa que no pudieras esperar de mí supongo que ya es historia. En ese sentido estoy contento con cómo me va la vida por aquí. No es que celebre la Pascua Ortodoxa, supongo que responde más al dicho "Donde fueres, haz lo que vieres", pero de verdad que lo pasé estupendamente. Un abrazo!

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  4. Jorge, espero que le estés dando fuerte al RUSO. De verdad, ya que andas por aquellos lares, no se te ocurra volver para acá sin el ruso puesto... También un abrazo para ti... Sera

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