domingo, 26 de mayo de 2013

Kiev

Cuesta de San Andrés
La rus de Kiev, la madre de todas las ciudades rusas. El título impresiona, pero la capital ucraniana defrauda un poco, quizá por las altas expectativas que genera. Andriivskiy Uzviv, “la cuesta de San Andrés”, es sin duda una de las calles más interesantes, ya que alberga algunas de las principales atracciones de la ciudad: el castillo de Ricardo Corazón de León, la iglesia de San Andrés o la casa-museo de Bulgakov, entre otras cosas. 
En torno a la Plaza de la Independencia, en el centro de Kiev, y a unos pocos minutos de la calle хрешчатик (“Khreshchatyk”), se congrega la mayor actividad turística y de ocio de la ciudad. Pero lo que de verdad enamora de la capital del país son sus zonas verdes. Sus jardines y sus parques son un alivio para el viandante que busca un poco de sombra con que protegerse del sol, tórrido e inclemente, que castiga la ciudad. 

   
Plaza de la Independencia
Lo característico de Donetsk se torna incluso más curioso en Kiev, pues la mitad de la gente habla ruso y la otra mitad, ucraniano, así que nunca sabes qué te vas a encontrar cuando precisas la dirección adecuada. Como toda capital, la vida particular de sus gentes parece no generar un atractivo especial, sino que es el conjunto de intereses generales lo que define su propia proyección. No obstante, es en el devenir concreto de sus habitantes donde el turista hallará un conocimiento más aproximado de lo que mueve a los kievitas. Así, dilucidaremos los parámetros que mejor definen la identidad del país expresados en la gente de la calle, como si de un gran fresco se tratara. La opulencia de los lugares más emblemáticos y turísticos contrasta severamente con la miseria de quienes los ocupan, pobres gentes que tratan de llevar algo a la mesa vendiendo reliquias de la antigua Unión Soviética a tan solo unos pasos del monumento a la Independencia. Ucrania en general parece ofrecer esta discordancia donde quiera que se vaya, un vínculo extraño entre un pasado de terror y subyugación y la promesa de una libertad todavía no asimilada.

Monumento a la Madre Patria
Un país que se debate entre sus tradiciones y las posibilidades de un nuevo modelo económico, pero con un sistema aún enclavado en la burocracia soviética, que tanto ha calado en la mentalidad ucraniana. Es una lucha eterna entre el ir y el volver, que lógicamente queda en poco más que un punto muerto. No se entiende de otra forma que todavía haya estatuas de Lenin en Donetsk o Járkov, por ejemplo; o que incluso en la capital del país, símbolo de la independencia, los vendedores ofrezcan al turista condecoraciones militares del Ejército Rojo y propaganda soviética de la Guerra Fría.

Paso subterráneo en Kiev
Es un lugar curioso, Kiev. El centro de la urbe se comunica bajo tierra, como si fuera estrictamente necesario bucear en el pasado para nacer al presente. En caso contrario, no queda otra que dar más vueltas de las necesarias para llegar al mismo punto, como si tuvieras que pasar por infinitud de oficinas para sellar un documento. La policía, corrupta, nos hace pagar solo a los turistas por beber en la calle, dejando ya de antemano una salida al soborno. Los ucranianos lo tienen asumido, y cuando ven acercarse a la milicia, automáticamente echan mano de la cartera para evitarse una situación más embarazosa.


Con todo y con eso, Ucrania ofrece un sinfín de posibilidades para el turista atento y observador. Les animo a que la recorran con ojo atento, sin dejarse distraer por la parafernalia comercial, vulgar imitación de los estándares occidentales, y se imbuyan de lo que de verdad caracteriza al país: la “бабушка” (abuela) que vende cigarros de estraperlo, iconos y reliquias del pasado, paga a la policía por un mísero puesto junto al monumento a  Bulgakov, y al terminar la jornada vuelve a casa con cuatro cuartos en un autobús en que alguien le cede el asiento y nadie le exige pagar.

1 comentario:

  1. que pais de contrastes, todavia viven en el siglo xx, con el miedo a q aparezca Stalin. Mezcla de orgullo y verguenza. Puede que orgullosos de su pasado, pero quieren desprenderse de él, mercantilizándolo.
    Interesante cultura, en 2013, carecen de mediosy posibilidades que aqui consideramos imprescindibles; claro que es posible que no necesitemos tanto como creemos, y en cambio alli sepan lo que son las necesidades reales. Repito, muy interesante

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