Bueno, pues ya
está. Ya se han ido. Un grupo de enormes personas salió definitivamente de
Donetsk, pero no de mi vida. Wojciech, Kristina, Vitor, Katharina y Vita ya no
están aquí. Ya no disfrutaré más del sarcasmo a la polaca, ni de la templanza y
el sentido común lituanos, ni de la alegría portuguesa, la energía alemana o el
buen humor letón. Mis compañeros se fueron, de ellos guardo solo buenos
momentos, tan unidos llegamos a estar.
Especial era mi
relación con tres de ellos, Wojciech, Vitor y Kristina: a todos guardo un
especial afecto. Apenas puedo escribir sus nombres sin sentir pena en el
corazón y una sonrisa en los labios, tan tormentoso es el sentimiento. A mi
memoria vienen muchos y grandiosos momentos, de alegría, hilaridad y ratos de
sobremesa. Nadie propone una cerveza después de cenar, o ver un
Benfica-Estoril, ni tampoco provocar un sobresalto cuando, mientras fregaba,
rompía un plato o vaso, seguido de una estridente carcajada.
Definitivamente
no es una despedida común. No hablamos de cursar un año en el extranjero merced
a programa de movilidad alguno, no hablamos de unas vacaciones: hablamos de la
vida, de abrirse camino en el extranjero, para lo cual los lazos de unión con
lo que nos rodea, especialmente las personas con las que compartimos la mayor
parte de nuestro tiempo, adquieren una importancia máxima. Llegué un 2 de marzo
a esta ciudad, y al aeropuerto fueron a recogerme 3 personas de las que apenas
sospechaba su influencia en mi vida futura. No se contaba entre ellas Kristina,
que apenas media hora después hacía desaparecer mi terrible dolor de estómago
con un brebaje a base de salsa de tomate picante, sazonado con distintas
especias, que ingerí no sin cierta desconfianza. La perfecta compañera de piso:
tranquila, mesurada, razonable, generosa, interesada e interesante, atenta, servicial.
El perfecto compañero de habitación, siempre con una sonrisa en los labios,
optimista radical. Y el genial compañero de trabajo y de bromas, rápido de
pensamiento y palabra, diligente y astuto.
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| Los voluntarios que se fueron, en su fiesta oficial de despedida. De izquierda a derecha: Vita, Kristina, Vitor, Wojciech y Katharina. |
No tengo para todos
ellos más que palabras de agradecimiento por la extraordinaria acogida que me
brindaron y por la experiencia tan positiva de convivir con ellos 4 meses
fantásticos e inolvidables. Pero la vida sigue, mi proyecto también, y desde el
pasado lunes 6 nuevos voluntarios polacos entraron a formar parte de él. Son todavía
desconocidos para mí, incluso mi nuevo compañero de habitación, quien ya tenía
novia en la ciudad antes de venir aquí y pasa por lo tanto gran parte de su
tiempo libre con ella. Por supuesto tengo a Ana, que es mi mayor alegría, pero
siento que algo importante se ha ido de mi vida aquí, aunque al mismo tiempo el
vínculo que nos une es más fuerte. García Márquez dijo que la vida no es lo que
uno vivió, sino lo que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla. En el
caso de estos compañeros, de estos amigos, tengo muy claro lo que viví, y
también espero haberla recordado fielmente para contarla.
Un fuerte abrazo
a todos ellos.

No hay manera mas bella de despedir a unos amigos que recordandolos siempre. Esta publicacion me hacer ver como los sentimientos se pueden compartir, que es lo más humano.
ResponderEliminarAsi mismo, como encuentra uno calor en otras personas, las cuales a tu lado estan empezando a formar parte de tu vida. Vívela intensamente !!!
No hay forma mas bella de despedir a unos amigos que recordándolos siempre. Así mismo que reconfortante expresarlo y compartirlo, eso demuestra que uno es humano.
ResponderEliminarTambien se alegra el corazón al tener al lado una persona, que esta empezando a formar parte de tu vida ; pues vívela intensamente