jueves, 4 de julio de 2013

Un nuevo horizonte

Bueno, pues ya está. Ya se han ido. Un grupo de enormes personas salió definitivamente de Donetsk, pero no de mi vida. Wojciech, Kristina, Vitor, Katharina y Vita ya no están aquí. Ya no disfrutaré más del sarcasmo a la polaca, ni de la templanza y el sentido común lituanos, ni de la alegría portuguesa, la energía alemana o el buen humor letón. Mis compañeros se fueron, de ellos guardo solo buenos momentos, tan unidos llegamos a estar.

Especial era mi relación con tres de ellos, Wojciech, Vitor y Kristina: a todos guardo un especial afecto. Apenas puedo escribir sus nombres sin sentir pena en el corazón y una sonrisa en los labios, tan tormentoso es el sentimiento. A mi memoria vienen muchos y grandiosos momentos, de alegría, hilaridad y ratos de sobremesa. Nadie propone una cerveza después de cenar, o ver un Benfica-Estoril, ni tampoco provocar un sobresalto cuando, mientras fregaba, rompía un plato o vaso, seguido de una estridente carcajada.

Definitivamente no es una despedida común. No hablamos de cursar un año en el extranjero merced a programa de movilidad alguno, no hablamos de unas vacaciones: hablamos de la vida, de abrirse camino en el extranjero, para lo cual los lazos de unión con lo que nos rodea, especialmente las personas con las que compartimos la mayor parte de nuestro tiempo, adquieren una importancia máxima. Llegué un 2 de marzo a esta ciudad, y al aeropuerto fueron a recogerme 3 personas de las que apenas sospechaba su influencia en mi vida futura. No se contaba entre ellas Kristina, que apenas media hora después hacía desaparecer mi terrible dolor de estómago con un brebaje a base de salsa de tomate picante, sazonado con distintas especias, que ingerí no sin cierta desconfianza. La perfecta compañera de piso: tranquila, mesurada, razonable, generosa, interesada e interesante, atenta, servicial. El perfecto compañero de habitación, siempre con una sonrisa en los labios, optimista radical. Y el genial compañero de trabajo y de bromas, rápido de pensamiento y palabra, diligente y astuto.

Los voluntarios que se fueron, en su fiesta oficial de
despedida. De izquierda a derecha: Vita, Kristina, Vitor,
Wojciech y Katharina.
No tengo para todos ellos más que palabras de agradecimiento por la extraordinaria acogida que me brindaron y por la experiencia tan positiva de convivir con ellos 4 meses fantásticos e inolvidables. Pero la vida sigue, mi proyecto también, y desde el pasado lunes 6 nuevos voluntarios polacos entraron a formar parte de él. Son todavía desconocidos para mí, incluso mi nuevo compañero de habitación, quien ya tenía novia en la ciudad antes de venir aquí y pasa por lo tanto gran parte de su tiempo libre con ella. Por supuesto tengo a Ana, que es mi mayor alegría, pero siento que algo importante se ha ido de mi vida aquí, aunque al mismo tiempo el vínculo que nos une es más fuerte. García Márquez dijo que la vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla. En el caso de estos compañeros, de estos amigos, tengo muy claro lo que viví, y también espero haberla recordado fielmente para contarla.


Un fuerte abrazo a todos ellos.

2 comentarios:

  1. No hay manera mas bella de despedir a unos amigos que recordandolos siempre. Esta publicacion me hacer ver como los sentimientos se pueden compartir, que es lo más humano.
    Asi mismo, como encuentra uno calor en otras personas, las cuales a tu lado estan empezando a formar parte de tu vida. Vívela intensamente !!!

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  2. No hay forma mas bella de despedir a unos amigos que recordándolos siempre. Así mismo que reconfortante expresarlo y compartirlo, eso demuestra que uno es humano.
    Tambien se alegra el corazón al tener al lado una persona, que esta empezando a formar parte de tu vida ; pues vívela intensamente

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